Wissenschaft ~ Ciencia

Carmen Infante, inmunóloga: “Hay que dar visibilidad a los referentes femeninos en la ciencia para despertar la vocación de las más jóvenes”

En 2015, Naciones Unidas estableció el 11 de febrero como Día de las Mujeres y Niñas en la Ciencia, una jornada para reducir la brecha de género en el ámbito científico y para dar visibilidad al trabajo de las investigadoras, que obtiene un menor reconocimiento que el de sus compañeros varones. Como muestran los informes periódicos de la Comisión Europea, si bien las mujeres son mayoría al inicio de la carrera científica (55 %), su representación cae hasta menos del 25 % en los puestos más altos. Desde la Embajada de España en Alemania, nos unimos a esta iniciativa con la publicación de un ciclo de entrevistas a investigadoras españolas en Alemania, para dar a conocer su labor y reivindicar su lugar en la ciencia.

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En esta primera entrega, Carmen Infante Duarte, jefa del grupo de Neuroinmunología Experimental de la Clínica Universitaria Charité de Berlín, nos habla de sus líneas de investigación, de las fortalezas del sistema científico alemán y de las iniciativas que promueve su centro de investigación para reducir la brecha de género. Miembro de CERFA y de la Comisión de Fomento de la Mujer en Ciencia de la Clínica Charité, esta gaditana, que lleva 30 años en Berlín, investiga para tratar de avanzar en el conocimiento de las enfermedades autoinmunes, siempre en busca de nuevas terapias.

Elena Turrión, Programa de diplomacia científica de la AECID

Carmen Infante Duarte, Jefa del Departamento de Neuroinmunología Experimental de la Clínica Universitaria Charité de Berlín

-¿Cuáles son las principales líneas de investigación en las que trabaja?

Nuestro instituto abarca diversas líneas de investigación, desde la inmunología de transplantes hasta la neuroimunología, que estudia cómo el sistema inmune contribuye al desarrollo de enfermedades del sistema nervioso.

En concreto, mi grupo se dedica a investigar cuáles son las alteraciones inmunológicas y metabólicas que favorecen el desarrollo de enfermedades autoinmunes del sistema nervioso central, como la esclerosis múltiple.

Trabajando en ratones, nuestro objetivo es entender cuáles son las causas de este tipo de enfermedades para poder curarlas. De momento, las terapias que existen solo son paliativas y actúan para que los pacientes puedan vivir el máximo tiempo posible con una buena calidad de vida.

– Se calcula que 2.500.000 personas tienen Esclerosis Múltiple en el mundo. ¿Qué se sabe hasta ahora y qué se necesita conocer para desarrollar su cura?

La función del sistema inmune es combatir bacterias, virus, hongos y parásitos que penetran en el organismo y pueden causar una infección. Además destruye las células “transformadas” que pueden generar un tumor. En las enfermedades autoinmunes, el sistema inmunitario tiene un funcionamiento anómalo y ataca al propio organismo. Es el caso de la esclerosis múltiple, que lesiona las células del sistema nervioso central, formado por el cerebro y la médula espinal. La esclerosis múltiple afecta más a las mujeres que a los hombres y suele comenzar entre los 20 y los 40 años. Hasta ahora no sabemos exactamente qué desencadena la enfermedad, pero para desarrollar terapias que curen y no solo sean paliativas, necesitamos desentrañar su origen y sus causas. Es nuestro mayor reto de cara a los próximos años.

-Su carrera científica, hasta ser jefa del grupo de neuroinmunología, se ha desarrollado por completo en Alemania. ¿Qué le trajo hasta Berlín?

Yo nací en San Roque (Cádiz), pero hace unos treinta años aterricé en Berlín, donde estudie la carrera de biología e hice el doctorado. Luego estuve un tiempo fuera, pero regresé a Alemania y aquí sigo, sin planes de volver a España. En su momento, me apunté a la carrera sin saber apenas alemán y menos mal que estudié ciencias y no otra disciplina como filosofía, que si no el idioma hubiese sido un gran impedimento. A los científicos españoles que quieran venirse aquí yo les recomiendo que, aunque a pie de calle todos hablemos el inglés y las publicaciones también sean en inglés, si quieren formar parte de la comunidad científica estable deberían aprender alemán.

-¿Cuáles son los principales atractivos del sistema científico alemán para los investigadores españoles que se planteen mudarse aquí?

En Alemania yo valoro mucho la meritocracia. Yo llegué aquí sin conocer a nadie, pero pronto me di cuenta de que tener contactos no es importante porque el país lo que premia es el mérito y el esfuerzo, y eso es muy gratificante. No es una cultura que te felicite y te dé palmadas en la espalda, pero sabes que si trabajas puedes llegar hasta donde tú te propongas.

La financiación es otro de los factores más relevantes del sistema científico alemán. Se dedica más dinero a la ciencia que en España, hay una agencia federal que distribuye los fondos y hay más lugares en los que se investiga. Si una persona trabaja bien y su rendimiento es bueno, puede estar apoyada por fuentes federales de financiación durante toda su carrera científica. Además, el sistema de publicación de oportunidades laborales es más transparente y accesible: vas a ver las ofertas publicadas en las revistas científicas.

-Un artículo publicado en la revista científica Nature ofrece una estimación de las horas de trabajo de los investigadores sénior en doce países europeos. En el extremo está Alemania, con la mayor cantidad de horas reportadas (50 semanales). ¿Esa exigencia de rendir más y de dedicar más horas les permite a los científicos conciliar la vida laboral con la personal?

Es cierto que aquí existe una presión social por el rendimiento. Sientes que por tus propios compañeros no puedes bajarte del barco durante largos periodos de tiempo, tienes que seguir trabajando y publicando.

A nivel de conciliación, yo creo que es un trabajo que requiere mucha dedicación pero que a partir del doctorado puede ser algo más flexible. Yo soy madre y, en mi caso, no considero que eso haya repercutido de manera negativa en mi carrera científica. En mi laboratorio, de hecho, la mayoría somos mujeres y en la Charité promovemos diversas iniciativas para facilitarles la tarea a las madres científicas. Por ejemplo, existen salas para amamantar y para bebés, y convenios con guarderías. También tenemos un programa que financia a estudiantes para que puedan continuar con una parte del trabajo de las científicas durante su baja maternal, para que sus investigaciones no queden estancadas.

No obstante, sí creo que a veces la vida personal se ve afectada por esa exigencia, porque hay disciplinas que siguen eligiendo a menos mujeres para ocupar altos cargos científicos por el miedo a que, con la maternidad, reduzcan su ritmo y horas de trabajo. Es un problema que agrava la brecha de género y que hoy en día sigue ocurriendo en todos los países. Con los mismos méritos, deberíamos poder acceder a las mismas oportunidades y puestos. Maternidad y paternidad tendrían que ser percibidas de la misma forma por la sociedad.

Según datos de la UNESCO (entre 2014 y 2016), solo alrededor del 30 por ciento de todas las estudiantes escogieron estudios superiores dentro del campo de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y matemáticas. ¿Qué cree que aleja a las más jóvenes de la ciencia?

Los estereotipos o la infrarrepresentación de las científicas. Para despertar la vocación de las más jóvenes hay que dar visibilidad a más referentes femeninos donde se vean reflejadas. Por eso, las iniciativas como el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia son importantes porque si las niñas no tienen ejemplos de científicas ni en su colegio ni en su entorno, van a optar por otras carreras en las que se vean más representadas. En nuestro instituto de investigación también impulsamos el programa ‘Science Goes Social’, por el cual grupos de niños y adolescentes pueden visitar los laboratorios. El objetivo es que vean la diversidad de origen, cultura y género de las personas que hacen posible la ciencia.

Imágen de portada: MRSA, Ingestion by Neutrophil Description: MRSA (yellow) being ingested by neutrophil (purple). Categories: Research in NIH Labs and Clinics Type: Color, Photo Source: National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID) Date Created: 2009 Date Added: 8/20/2013 Reuse Restrictions: None – This image is in the public domain and can be freely reused. Please credit the source and/or author listed above.

Im Gespräch mit der Immunologin Prof. Dr. rer. nat. Carmen Infante: “Wir müssen die Frauen in der Wissenschaft sichtbarer machen, um jüngere Frauen dafür zu begeistern.”

Im Jahr 2015 riefen die Vereinten Nationen zum ersten Mal den 11. Februar zum Internationalen Tag der Frauen und Mädchen in der Wissenschaft aus. Dabei geht es darum, den Gendergap in der Wissenschaft zu überwinden und die Leistungen der weiblichen Forscherinnen, die weniger Anerkennung als die ihrer männlichen Kollegen finden, in den Mittelpunkt zu stellen. Zwar sind Frauen, wie die regelmäßigen Berichte der Europäischen Kommission zeigen, in den wissenschaftlichen Fächern in den ersten Studienjahren mit 55% in der Mehrzahl, ihr Anteil in den höheren Positionen aber fällt auf unter 25%.

Die Botschaft von Spanien in Deutschland unterstützt die Bekanntmachung und Förderung von Frauen und Mädchen in Forschung und Wissenschaft mit der Veröffentlichung einer Reihe von Interviews mit spanischen Wissenschaftlerinnen, die in Deutschland tätig sind. 

In dieser ersten Ausgabe berichtet Prof. Dr. rer. nat. Carmen Infante Duarte, die Leiterin der Arbeitsgruppe Experimentelle Neuroimmunologie an der Charité – Universitätsmedizin Berlin über ihren Forschungsbereich, die Stärken des deutschen Wissenschaftssystems und die Initiativen ihres Instituts zur Überwindung des Gendergaps. Als Mitglied der Vereinigung der spanischen Wissenschaftler_innen in Deutschland CERFA und des Ausschusses zur Förderung von Wissenschaftlerinnen in der Charité forscht die gebürtig aus Cádiz stammende Wissenschaftlerin, die seit 30 Jahren in Berlin lebt, am breiten Feld der Autoimmunerkrankungen und der Suche nach neuen Behandlungsmöglichkeiten.

Frau Prof. Dr. Infante Duarte, was sind Ihre wichtigsten Forschungsgebiete?

In unserem Institut bearbeiten wir verschiedene Bereiche, angefangen bei der Transplantationsimmunologie bis hin zur Neuroimmunologie, die untersucht, welchen Anteil das Immunsystem an der Entstehung von Krankheiten des Nervensystems hat. 

Meine Arbeitsgruppe nun versucht ganz konkret herauszufinden, welche Veränderungen im Immunsystem und im Stoffwechsel zur Entstehung von Autoimmunerkrankungen im zentralen Nervensystem, wie zum Beispiel Multiple Sklerose, führen. 

In der Arbeit an Mäusen versuchen wir die Ursachen dieser Erkrankungen zu erkennen und Heilungsmethoden zu entwickeln. Denn derzeit gibt es hier nur palliative, also schmerzlindernde Behandlungsmöglichkeiten, die den Patienten helfen, so lange und so gut wie möglich mit der Krankheit zu leben.

Berechnungen zufolge leben weltweit etwa 2,5 Millionen Menschen mit Multipler Sklerose. Was weiß man bisher über diese Krankheit, und was müsste man wissen, um eine Heilungsmethode zu entwickeln? 

Aufgabe des Immunsystems ist ja die Abwehr von Bakterien, Viren, Pilzen oder Parasiten, die den Organismus befallen und zu einer Entzündung führen können. Außerdem zerstört es sogenannte „transformierte Zellen“, die einen Tumor verursachen können. Bei den Autoimmunerkrankungen nun arbeitet das Immunsystem gegen die Regel und wendet sich gegen den eigenen Organismus. Das geschieht bei der Multiplen Sklerose, die Zellen des zentralen Nervensystems, also aus Gehirn und Rückenmark, zerstört. Multiple Sklerose tritt häufiger bei Frauen als bei Männern auf, meist in einem Alter zwischen 20 und 40 Jahren. Bis heute wissen wir immer noch nicht genau, was der Auslöser ist. Um aber Therapien zu entwickeln, die die Krankheit auch wirklich heilen, müssen wir deren Ursprung und Ursachen verstehen. Das ist die größte Herausforderung, vor der wir weiterhin stehen. 

Sie haben ihre wissenschaftliche Laufbahn bis zur Leitung der Arbeitsgruppe Experimentelle Neuroimmunologie vollständig in Deutschland zurückgelegt. Was hat Sie nach Berlin gebracht? 

Geboren bin ich in San Roque (Cádiz), aber vor 30 Jahren landete ich in Berlin, wo ich zunächst Biologie studierte und darin meine Doktorarbeit schrieb. Nach ein paar Jahren im Ausland kam ich dann wieder nach Deutschland zurück, und hier bin ich. Nach Spanien zurückzukehren, habe ich nicht vor. Ich habe mich damals fast ohne Deutschkenntnisse an der Uni eingeschrieben. Nur gut, dass mein Interesse in den Naturwissenschaften lag, und nicht einem Studiengang wie Philosophie, denn da wären die mangelnden Sprachkenntnisse ein großes Hindernis gewesen. Trotzdem – auch wenn man mit Englisch immer irgendwie weiterkommt und die Veröffentlichungen in englischer Sprache sind – den spanischen Wissenschaftlern, die hier herkommen wollen, würde ich empfehlen Deutsch zu lernen, wenn sie Teil der festen Wissenschaftsgemeinde werden wollen. 

Was sind die wichtigsten Aspekte des deutschen Wissenschaftssystems, die die Forscher aus Spanien verleiten, hierher zu ziehen?

Ich schätze an Deutschland besonders das Leistungsprinzip: Ich kam hierher, ohne irgendjemanden zu kennen. Aber schnell habe ich gemerkt, dass die Kontakte gar nicht wichtig waren, denn in diesem Land werden deine Leistung und deine Anstrengungen belohnt, und das finde ich sehr erfreulich. Hier ist es nicht unbedingt üblich, dass man dich beglückwünscht und dir anerkennend auf den Rücken klopft, aber du weißt, dass du mit harter Arbeit erreichen kannst, was du dir vornimmst. 

Eine anderer wichtiger Faktor zugunsten des deutschen Wissenschaftssystems ist die Finanzierung. Im Vergleich zu Spanien gibt man hier mehr Geld für Forschung aus, es gibt eine Bundesagentur, die die Mittel verteilt, und es gibt mehr Orte, an denen geforscht wird. Wenn man gut arbeitet und gute Leistungen erbringt, kann man sich seine komplette wissenschaftliche Laufbahn aus Bundesmitteln finanzieren lassen. Außerdem ist das System zur Bekanntmachung von Arbeitsmöglichkeiten viel transparenter und einfacher: Du guckst einfach in den wissenschaftlichen Journalen nach den veröffentlichten Ausschreibungen und Angeboten.

Die  Wissenschaftszeitung Nature  hat in einem  Artikel   Schätzwerte  zu den Arbeitszeiten von Senior-Wissenschaftlern in zwölf europäischen Ländern veröffentlicht. Deutschland liegt nach Angaben der Wissenschaftler mit der höchsten Zahl von Wochenarbeitsstunden (50) an der Spitze. Ist es den Wissenschaftlern bei solchen Anforderungen an Leistung und Arbeitszeit noch möglich, Beruf und Privatleben miteinander zu vereinbaren? 

Es stimmt, dass es hier einen sozialen Leistungsdruck gibt. Du hast das Gefühl, dass du auch wegen deiner eigenen Kollegen immer möglichst lange an Bord bleiben solltest, dass du noch mehr arbeiten und veröffentlichen musst. 

Was die Vereinbarkeit von Beruf und Familie anbelangt, glaube ich, dass die Dinge, auch wenn die Arbeit sehr viel Zeit abverlangt, nach dem Doktortitel etwas flexibler gestaltet werden können. Als Mutter denke ich nicht, dass meine Mutterschaft negative Auswirkungen auf meinen wissenschaftlichen Werdegang gehabt hat. In meinem Labor sind wir in der Tat fast alle Frauen, und in der Charité fördern wir verschiedene Initiativen, um Wissenschaftlerinnen mit Kindern das Arbeiten zu erleichtern. Zum Beispiel gibt es Still- und Babyräume, und wir haben Abkommen mit Kindergärten geschlossen. Auch haben wir ein Programm entwickelt, das Studierende finanziert, die die Arbeit einer Wissenschaftlerin, die gerade im Mutterschutz ist, fortführen. So gerät ihre Forschung nicht ins Stocken.

Dennoch glaube ich schon, dass dieser Anspruch mitunter einen Einfluss auf das Privatleben hat. Denn es gibt Forschungsdisziplinen, in denen immer noch kaum Frauen auf hohe wissenschaftliche Positionen gewählt werden, weil die Angst besteht, mit der Mutterschaft könnten sie langsamer oder weniger arbeiten. Dieses Problem vertieft den Gendergap und zeigt sich nach wie vor in allen Ländern. Dabei sollten wir,  ausgehend von den gleichen Leistungen, alle den gleichen Zugang zu Chancen und Posten erhalten. Und die Gesellschaft müsste lernen, Mutterschaft und Vaterschaft als ebenbürtig zu begreifen.

Nach  Angaben der UNESCO  wählten in den Jahren 2014 bis 2016 nur etwa 30 Prozent aller weiblichen Studierenden einen höheren Studiengang im Bereich der Naturwissenschaften, Technik, Ingenieurswissenschaften oder Mathematik. Was glauben Sie, was hält junge Frauen von der Wissenschaft ab?

Die Klischees oder auch die Unterrepräsentanz von Frauen in der Wissenschaft. Um bei Mädchen und jungen Frauen die Begeisterung für diesen Beruf zu wecken, müssen sich die Forscherinnen mehr zeigen, als Vorbilder sichtbar werden. Deswegen sind solche Initiativen wie der „Tag der Frauen und Mädchen in der Wissenschaft“ so wichtig. Solange die Mädchen in ihrer Schule oder ihrem Umfeld nicht mit Beispielen von Wissenschaftlerinnen in Berührung kommen, werden sie sich eher für Berufe entscheiden, in denen sie sich als Frau häufiger vertreten sehen. In unserem Forschungsinstitut haben wir deswegen auch ein Programm mit dem Namen ‘Science Goes Social’ gestartet, bei dem Kinder und Jugendliche uns im Labor besuchen können. Dabei geht es uns darum zu zeigen, dass Menschen, die Wissenschaft betreiben und möglich machen, aus allen möglichen Herkunftsländern, Kulturen und eben auch Geschlechtern kommen. 

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